Durand y Boulee: lo visceral versus lo académico
Desde una perspectiva
histórica de la arquitectura, Étienne-Louis Boullée representó una forma de provocar
sensaciones profundas en quien mirara sus dibujos y propuestas. Sus cenotafios
monumentales y sus formas geométricas puras e inmensas intentaban afectar
emocionalmente al espectador desde lo más visceral, que significa lo que
sentimos al ver un espacio gigantesco, dramático o casi aterrador, que va mucho
más allá de si esas obras podrían construirse o no. Estas propuestas usaban la
escala, la luz y la sombra para hablar de ideas como la grandeza, la muerte o
la razón y así activar emociones directas en quien las imaginaba.
En cambio,
Jean-Nicolas-Louis Durand, quien fue alumno de Boullée y luego profesor en la
École polytechnique, desarrolló otro enfoque. En su Précis of the Lectures
on Architecture, Durand propone una forma de enseñar arquitectura que se
basa en la racionalidad, la funcionalidad y la economía, sin detenerse tanto en
los efectos emocionales o simbólicos de la forma. Para él, los edificios se
entienden mejor a partir de elementos simples y de una lógica de módulos que
permiten pensar la arquitectura como sistema, dejando de lado la metáfora y la
búsqueda de sensaciones intensas que caracterizaban a Boullée.
Esta tensión entre
lo visceral y lo académico puede verse como dos modos de acercarse a la
arquitectura: el de Boullée pone el cuerpo y la emoción del espectador como
prioridad, enfocado en lo imposible, a lo que nos conmueve a primera vista; el
de Durand, en cambio, busca ordenar, explicar y sistematizar el diseño para que
sea comprensible, repetible y eficiente. En este sentido, Durand representa la
tradición académica que se encarga de enseñar estructuras, reglas y métodos,
mientras que Boullée recuerda que la arquitectura también tiene una dimensión
humana que no siempre se deja reducir a fórmulas.
Al reflexionar
sobre estos dos enfoques, podemos entender que la arquitectura no es solo
técnica ni solo emoción, sino que vive en el intercambio entre ambos. Un
proyecto académico puede ganar profundidad si piensa en cómo impacta a quien lo
habita o lo mira, y una propuesta visceral puede ser valiosa si incorpora
principios sólidos de composición. Así, lo visceral y lo académico no son
necesariamente enemigos, sino ramas opuestas entre los cuales toda disciplina
creativa, como la arquitectura, debe moverse y encontrar su equilibrio en
contextos reales de aprendizaje y práctica.
Referencias: https://object-territories.com/new-page
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